Llevamos tres días en Kenia.
Venimos con un objetivo claro: entender el punto de partida real de algunos de los mejores fondistas del mundo para ayudarles a dar un salto. Pero nada más llegar te das cuenta de algo esencial: antes de hablar de “método”, tienes que entender y analizar el contexto sobre el que vas a trabajar.
Aquí el día a día se resume en tres verbos: entrenar, descansar y comer. Habitaciones compartidas, un cocinero, dos masajistas y un coordinador. Nada de ruido. Todo simple.
Y entonces llega el primer entrenamiento que llaman “easy run”.
Nos subimos al coche detrás del grupo.
17 km a 4’20”/km, con 500 m de desnivel positivo y a 2.200 m de altitud.
Si has entrenado en Europa, esa frase ya te provoca un pequeño sobresalto: aquí el “easy” no significa lo mismo. Y eso, en Kenia, se repite más veces de las que imaginábamos.
Después del entreno, el ritual del chai. Alrededor de una caldera gigante, todos juntos, sin prisa. Es un momento sencillo, casi silencioso, pero te ayuda a entender algo importante: aquí no solo se entrenan las piernas. Se entrenan la rutina, la comunidad y el foco.
Estos primeros días los estamos dedicando a una sola cosa: observar y medir sin interferir. Tests de esfuerzo con análisis de gases, analíticas, lactato, sudoración… lo básico para empezar a construir desde el origen.
En el próximo email te contaremos una de las primeras ideas que se nos está rompiendo por completo desde que estamos aquí: qué significa realmente “entrenar bien” cuando el entorno y la cultura son tan distintos.
ORIGIN
Esto no ha hecho más que empezar.
Santa Madre
19 feb 2026
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En Kenia "Easy" no significa los mismo.
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